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Durango supo ayer a calidad. La tercera edición de la feria Durango Ardo Saltsan 2010 del vino y la delicatessen supo a poco al más del millar de personas que organizaron su jornada para dar rienda suelta a la tentación del paladar. De las palabras de los organizadores o de la misma alcaldesa local, Aitziber Irigoras, se deduce que ayer todos los presentes degustaron productos de excelencia, pero el gusto también fue de quienes impulsaron el evento que va creciendo año a año.

La feria de muestras de Durango, Landako Gunea, se convirtió en la mayor barrica de Euskal Herria con la mayor representación de vinos. Un total de 66 empresas vinateras pusieron su GPS con destino la villa.

Landako Gunea y Saltsan Catering maridaron para la ocasión esta cita enograstronómica, que tiene como objetivo acercar a la ciudadanía vasca y otros territorios limítrofes la delicia a la enésima potencia sea en vino, aceite, agua, jamón ibérico, pato y sus derivados, salmón ahumado o café.

«Gracias a Catering Saltsan y Landako Gunea, esta feria lleva el nombre de Durango lejos», valoró la alcaldesa, Aitziber Irigoras. De la firma local, Iñaki Uribe, no daba abasto en atender a los presentes.

El de Saltsan se mostraba orgulloso con cómo iba funcionando la jornada. A mediodía, la jornada maceraba con exquisitez. Tras el pago de una entrada de 12 euros -«que no cualquiera paga», subrayó Uribe- los visitantes gozaban del ya denominado por algunos «paraíso de los sibaritas».

Así opinaba Ainhoa, de Durango. «Las anchoas que hay aquí no saben como las que todos compramos. No tienen ni una pequeña espina, ni hilillos… ¡Impresionante!», valoraba.

El certamen no sólo atrajo al municipio a los paladares locales. Janire y Luis de Usansolo, también probaron de aquella manzana de Eva en el Edén de Landako. Tras el mal sabor que les dejó esperar más de 40 minutos a un tren que no saben por qué no hubo, la boca se les hizo agua en Durango. «Janire tiene que trabajar por la tarde y viendo que íbamos a probar diferentes vinos… hemos optado por el tren», bromeaba Luis Mateo al ritmo de un caldo tinto en su mano.

Las sesentañeras Araceli y Matilde se enteraron una vez dentro de que había que pagar 12 euros para entrar. «¡Oye, pues nadie nos ha dicho nada!», se reían ya haciendo brillar dos copas y preguntando por «¿el queso?». El propio Uribe les rectificaba: «No hay queso, es una idea para el año que viene». Mateo lamentaba que hubiera menos de comer ante tanto caldo. «Para hacer un poco de esponja…», se argumentaba. Otro sector joven preguntaba por la posibilidad de traer cervezas. El organizador, asentía. «Igual también el año que viene», agregaba.

Público y profesionales coincidían en asegurar que estos días la calidad ha sido extrema. La alcaldesa lo tenía como un vino, claro: «Dudo de que se pueda mejorar; quizás sí la cantidad, pero no la calidad».

Diario “Deia” – 14 de Marzo 2010

Bodegas Murillo Viteri

 

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