PACO MURILLO

PACO MURILLO

Su amor al campo y su pasión por el vino nacieron antes que él, ya que es descendiente de una larga dinastía de labradores y viticultores riojanos. En 1960, completamente inmerso en el mundo del vino, compró una vieja hacienda familiar del siglo XVI para desarrollar su proyecto de elaborar vinos “con mundología”, como él los llama.

En esta pequeña hacienda llamada las Erres, empezó a elaborar los vinos con los que siempre había soñado: suaves, redondos y agradables de beber. Para ello, adaptó los viñedos y los rudimentarios utensilios que disponía con el fin de lograr ese estilo único y personal. Todavía hoy conservamos con mimo esa pequeña joya enológica de las Erres, donde educa a sus ocho nietos en el amor por el vino y el campo.

Mirando al futuro, junto con su mujer Teresa Viteri, durante las décadas de los 70 y los 80, desarrolló la bodega y los viñedos, adaptándolos a las nuevas tecnologías emergentes para el perfeccionamiento de la elaboración y la crianza, sin descuidar las antiguas tradiciones.

En 1992 dio un paso en su trayectoria al adquirir una bodega antigua en la localidad de Cenicero. Su idea era facilitar el trabajo al equipo de bodega y ganar en espacio para la incorporación de nuevo parque de barricas, que potenciará la calidad, el “bouquet” y el estilo de los vinos de Murillo Viteri.

Introdujo a dos de sus hijos, Patxi e Iñaki, en la vida de la bodega, inculcando en ellos el amor por el vino y la pasión por la bodega y los vinos. Hoy, ambos están inmersos en la dirección de Bodegas Murillo Viteri.

En el año 2006, se embarca, junto a sus hijos, en el magnífico proyecto de la construcción de una bodega singular, diseñada con los máximos criterios ecológicos y de responsabilidad social al que tan ligado ha estado su trayectoria y la de sus antepasados.

Seis años más tarde, en el 2012, recoge el prestigioso premio BEST OF otorgado por las Great Wine Capitals de las manos del Presidente de la Denominación de Origen Rioja en el incomparable marco de la Alhóndiga de Bilbao, donde había trabajado 60 años atrás. En su discurso de agradecimiento, resaltó la importancia del vino en la sociedad, de la responsabilidad social, y de la incorporación de las nuevas generaciones a la bodega.