¿Por qué hay rosales en el viñedo?

Los rosales a pie de viña es una de las imágenes más llamativa y característica de nuestra finca de Tahola y Valdegún. Estas bonitas plantas no solamente tienen función decorativa, sino preventiva. Los rosales a pie de viña de usan como alarma biológica, una manera barata, ecológica, efectiva y hermosa de avisarnos de posibles infecciones o plagas de hongos.

 Función de los rosales en el viñedo

Los rosales se colocan a pie de viña marcando las hileras, y su función en el viñedo no es sólo estética, su presencia es funcional. Estas plantas son vulnerables a muchas de las mismas enfermedades y plagas que las vides, pueden ser utilizadas por los viticultores para monitorear si hay algún signo de enfermedad o plaga en el viñedo. Esto permite a los viticultores tomar medidas preventivas antes de que la enfermedad o plaga se propague a las vides. Es decir, los rosales actúan como alertas, de forma que haya margen suficiente para reaccionar y aplicar los tratamientos adecuados a la viña antes de que la ataquen.

Las vides son muy sensibles a distintos ataques de hongos que provocan enfermedades en la vid. Uno de estos hongos es el oídio, también conocido como “ceniza”. El oídio es una enfermedad difícil de erradicar y controlar, por lo que es fundamental detectar pronto su presencia. Al atacar a las plantas, deja unas manchas en las hojas de la vid, cubiertas de un polvo blanquecino similar a la ceniza. Esto puede ocasionar grandes daños a las plantas, afectando tanto a la calidad como a la calidad de la uva.

Aquí es donde la función de los rosales en el viñedo cobra sentido, ya que éste mismo hongo tiene predilección por las rosas, y sus síntomas son visibles antes en los rosales que en las vides. De esta manera, nos damos cuenta de su presencia y podemos aplicar el tratamiento tempranamente a la vid.

El origen de los rosales en el viñedo

Esta práctica, hoy extendida sobre todo para hacer vinos Rioja de calidad, se remonta al siglo XIX. En aquel entonces, un hongo procedente de Inglaterra atacó despiadadamente las cepas de varias zonas vinícolas de Europa. Hubo unos monjes de la zona francesa de Borgoña que, habiendo plantado rosales en sus viñedos, se percataron de que éstos se contagiaban antes. Los rosales actuaban como detectores y alarmantes en caso de hongo, por lo que así pudieron frenar la plaga y combatirla antes de que arrasase con su cultivo de vides.

Es curioso como la propia naturaleza coopera para la correcta elaboración de los vinos.

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